Telón sobre pluma y velas (III): Mussorgsky, vasta, solitaria Madre Rusia…

Especial Telón sobre pluma y velas

1. Plumbum et Beethoven

2. Los fantasmas de Schumann

3. MUSSORGSKY: VASTA, SOLITARIA MADRE RUSIA

4. Granados y el mar

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Así como una interminable novela rusa, en la que el protagonista se ve atrapado en las gélidas y monstruosas dimensiones de un territorio tan cruel como dado a la melancolía, Modest Mussorgsky hizo suya la tristeza de millones de rusos que durante siglos cayeron en el abrigo fatal de un descampado infinito.  Una estepa cuyo fin no alcanza la vista y que devora almas con la misma fiereza que engulle los horizontes nevados.

Tan solo la botella se mantuvo junto a Mussorgsky durante todo su deambular, como si el embrujo de este marginado y olvidado genio crease un magnetismo que atrae con la misma fuerza al alcohol y a la desdicha.

Siguiendo la tradición familiar, siendo apenas un muchacho de diez inviernos viajó junto a su hermano al esplendoroso San Petersburgo, espejismo del Báltico, para recibir una educación elitista en piano y literaturas europeas y consagrar posteriormente su vida a su patria sirviendo en el ejército del zar.  Capturado por el encanto de la música, el contraste con la entrada a filas resultó bestial.  A las órdenes del desalmado General Sutgof, Modest probó los rigores de la vida castrense, manteniendo calor en cuerpo y mente con sus primeras incursiones con el vodka, camarada consolador que no habría ya de olvidarle.  Sus méritos militares como cadete y su origen aristocrático le condujeron al legendario Regimiento Preobrazhensky, orgullo de la guardia imperial rusa, donde comenzó a entablar amistad con algunos de las mentes de más relumbrón en la vida cultural de la nación.

En este ambiente de élite intelectual, Mussorgky abandona las armas alentado por sus compañeros para entregar sus días a la música, desarrollando un amor por la misma solo equiparable a la creciente devoción por su país.  Era Rusia una nación triste, en el que el campesinado sufría en silencio la crudeza de los inviernos mientras se ahogaba en el fango de los deshielos, desgraciada por el capricho de los zares y del frío.  Modest desea entonces retratar ese espíritu de impotencia y estoicismo de la sociedad rusa y crea, junto a otros cuatro grandes compositores de su tiempo, “El Gran Puñado” o grupo de “Los Cinco”.  Este colectivo rompe con el servilismo musical con Europa y se propone refundar la música rusa dotándola de unas características únicas que habrían de recoger la esencia única de la gran nación.  Lejos del elitismo clásico de los conservatorios occidentales, estos jóvenes muestran una nueva forma de componer con escasa educación musical, al tiempo que denuncian un país en continua decadencia con la injusticia social como insoportable realidad.

Incapaz de vivir de la música, Mussorgsky se topa con los límites de su utopía y ha de zambullirse en el gigantesco aparato burocrático imperial para procurarse alimento y cama.  Al tiempo, sufre la pérdida de su madre.  Ambos desengaños le hacen rescatar del pasado la exclusiva compañía de Baco, sumiéndole en una marea de autodestrucción depresiva.

El mundo de Modest Mussorgsky se desintegraba naipe sobre naipe mientras el círculo de Los Cinco no lograba sobreponerse a la retirada del mundo de la música de su mentor Balakirev y sus ilusiones se perdían en la inmensidad de sus intenciones.

La dipsomanía del ruso se convirtió en su única religión y, tras dimitir de su servicio civil, la taberna se convirtió en permanente residencia.  Y es que la vida seguía obstinada en demoler todo lo que amaba: sus colegas abandonaban su compañía para rehacer sus vidas en la apatía rusa o morían prematuramente dejando a Modest completamente solo;  la crítica se cebaba sistemáticamente con sus obras tachándolas de necias en su fondo, insulsas en el ritmo y estúpidas en forma, y sus ideales políticos atrajeron la preocupación del zar por su contenido revolucionario.

A los 42 años, Mussorgsky se cansó de nadar sin avistar tierra, y dejó que el alcohol invadiese finalmente cada centímetro de sus venas.  Rusia se tragaba otro de sus más despechados amantes en el ostracismo, renegando de su idilio y sirviéndole vodka hasta que su cadáver no asomara más allá de sus páramos.

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~ por Diego Donoso Calvo en 4 mayo 2010.

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