El “selecto” club de los 27 (II): Jimi Hendrix

Resumir lo que fue y es Hendrix en un solo post es algo más que punible.  Para muchos (muchos) el mejor guitarrista de la historia reina sobre el resto de caídos tras sacar lo imposible de seis simples cuerdas.  Toda presentación resulta tan innecesaria como repetitiva, ya que todo está dicho y los adjetivos hace décadas se agotaron dejando el diccionario pequeño a los pies del genio de Seattle.

El frenético paso de Hendrix por el mundo de los mortales es una historia de violencia, problemas con la ley y ávidos mordiscos de drogas y alcohol a una vida la suya creada para ser breve.  Desde que en mayo del ’67 Hendrix subiera al escenario del Monterey Pop Festival para ofrecer a los presentes una actuación jamás antes vista sobre tablas, la agresividad y la ruptura con todo lo imaginable fueron sus más valiosas compañías.  Aquel día Jimi acabó destrozando su guitarra en llamas contra los amplificadores tras apenas tres cuartos de hora de un recital transgresor como pocos en los que sus dientes actuaron de púa y su micrófono de bottleneck.  Todo con la provocación a un público alucinado por bandera.

Era inevitable la asociación, y tras la causa de semejante caos vital se esconden evidentemente el destilado líquido elemento y los polvos mágicos.  Estos últimos supusieron motivo de fricción con la ley todo el tiempo que duró la cima de su carrera, siendo arrestado en varias ocasiones por posesión de heroína.  Bajo los efectos de los psicotrópicos Hendrix descargaba toda su energía contra todo su circundante, destrozando habitaciones de hotel e irritando con su escrupuloso perfeccionismo a sus compañeros de grabación.  Decenas de veces hacía repetir a los instrumentos el mismo riff hasta alcanzar un sonido que sólo su mente era capaz de reproducir.

Tanta grandeza solo podía finalizar abruptamente, y la mañana del 18 de septiembre de 1970 nació sin el mago.  Así mismo, el modo de ascenso a la gloria eterna requería de una teatralidad y guión acorde con la grandeza del guitarrista.

Aquella última noche Jimi Hendrix la compartió con su pareja Monika Danneman, tras una fiesta de las memorables y en un estado de los deplorables.  Fue la novia alemana la que le recogió de la bacanal y le llevó a su apartamento de Londres a fin de dormir cuantas monas fueran necesarias.  La versión oficial declara que el monstruoso porcentaje de alcohol en el cuerpo de Hendrix unido a una ingesta masiva de pastillas para dormir acabaron con su vida ahogada en su propio vómito.  Esta versión resulta tan plausible como creíble, si no fuera por todas las circunstancias que comenzaron a revelarse en torno al caso…

En una primera declaración, Monika Danneman culpó a los servicios de urgencias que llegaron a su casa tras su llamada de auxilio de la muerte de Jimi, al afirmar que cuando el cuerpo de este fue subido a la ambulancia aún estaba con vida, con lo que podía haber sido asesinado conscientemente por alguna persona de las implicadas.  Toda su recién acuñada conspiración se desmoronaba con cada nuevo interrogatorio al variar sus declaraciones de forma incongruente.  Pese a que la figura de Danneman no fue en principio lo suficientemente sospechosa, los médicos que atendieron el cadáver de Hendrix resaltaron una bufanda a su cuello excesivamente apretada.  Otra ex-novia de Jimi, Kathy Etchingham, fue más allá y señaló directamente a Danneman como autora del crimen, yendo ambas a pleito tildándose mutuamente de mentirosas; juicio que pudo haber finalizado con una orden de arresto sobre Danneman pero acabó con su “suicidio” en 1996, en circunstancias igualmente sospechosas que las de su celebérrima pareja.

El misterio que rodeaba la muerte de Hendrix dio otra vuelta de tuerca con la publicación de “Rock Roadie” en el 2009, un libro escrito por el que fuera asistente de Jimi en sus conciertos, en el que se salía a la luz una confesión del representante de Hendrix Michael Jeffery.  Según el autor del libro, Jeffery le habría reconocido en una noche de borrachera ser el autor material de la muerte de Jimi Hendrix.  El móvil no era otro que el jugoso seguro de vida que habría de parar a sus bolsillos: 2 millones de dólares de los que era beneficiario.  Según la confesión de Jeffery, habría entrado en el apartamento de Hendrix la fatídica noche para (lógicamente con la connivencia de Monika) atiborrar a pastillas para dormir a Hendrix.  Para lograr que el perjudicado Jimi se las tragase, el presunto homicida habría echado mano de varias botellas de buen tinto, lo que explicaría el nivel del mismo encontrado en su autopsia.

Michael Jeffery moriría al poco en un accidente aéreo, quedando su implicación en una aureola de incógnita, y nunca sabremos si “Tenía que hacerlo, ese hijo de puta iba a dejarme, si le perdía, lo iba a perder todo” o “Jimi valía más para mí muerto que vivo” fueron más verdades que mentiras relatadas en los párrafos de un libro con un ánimo de lucro en ventas ciertamente ambicioso.

Lo que sí es cierto, alcoholizado o asesinado, es que el inimitable Jimi Hendrix no volvió a acariciar con su zurda una guitarra eléctrica, y que su huracán temperamental se apagó a la curiosa edad de 27 años…

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~ por Diego Donoso Calvo en 30 marzo 2010.

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