El bigote del Sargento Pepper (y parte III)

Todas las pistas, todos los guiños apuntaban a un mismo lugar, desechando casualidades y matando un ídolo.  Recorrimos temas posteriores a 1966, desentrañamos evidentes y microscópicos detalles en las portadas de sus discos y dejamos al ávido lector la tarea de investigación fotográfica para la comparación de orejas, labios y bigotes.  Todo ello, sin excepción ni ánimo de desmentir, resultaba tan oscuro e inquietante que a buen seguro se han mandado flores al descanso del bueno de Paul y se ha reescuchado la discografía de Campbell en solitario con otros oídos (más benévolos ante la caída progresiva de su calidad).

El mundo está lleno de verdades y medias mentiras, de conspiraciones a nivel orbital y de pequeños bulos soltados al viento con intención de hacer de la lamentablemente monótona realidad un cuento con guión más animado que guste de ser vivido.  Llega el momento de descubrir si William Campbell ganó ese concurso de dobles y sustituyó lo insustituible.

Y, por alegría o desgracia…

…es una farsa.

Una pequeña gran broma orquestada desde el corazón de los cuatro de Liverpool, como chistecico interno descubierto por los más acérrimos hooligans que se expandió como la pólvora con las nuevas tecnologías.  No, señores, Paul McCartney no tuvo un accidente de coche mortal, no perdió su vida el 9 de noviembre de 1966, no está muerto.  Aquella noche los Beatles no se encontraban en los estudios de Abbey Road de Londres, estudios en los que retomarían sus legendarias grabaciones el 24 del mes.  Con esto comienzan a caer los naipes desde el piso más bajo, y la leyenda pierde su encanto, su mito.

Todo se inició con una llamada de un tal Tom a una emisora de Michigan de nombre WKNR FM en octubre de 1969, donde éste afirmaba en antena haber escuchado el célebre Turn me on, dead man reproduciendo al revés la pista de Revolution #9.  Los locutores Russ Gibb, John Small y Dan Carlisle comenzaron entonces su investigación sobre una posible muerte del beatle, haciendo saltar la chispa para que todo aquel que poseyera un disco, una foto, una canción, buscase nuevas confirmaciones del suceso.

Cierto es que tanto el propio McCartney como Lennon sufrieron sendos accidentes de tráfico en aquella época.  En diciembre del ’65, Paul se estrelló con su moto perdiendo un diente y provocándose esa cicatriz del labio que a duras penas logró disimular cuando un bigote similar al de los otros tres Beatles se esforzó en ocultarla.  Su maltrecha estampa le mantuvo alejado de la vida pública para evitar carroñería amarillista, pero entre el genial cuarteto se forjó una broma en torno a estos sucesos que fue seguida de chanzas durante los procesos de escritura, grabación y diseño de sus portadas.

Muchas de las pistas fueron dejadas a propósito por los de Liverpool, pero al tiempo nacieron numerosos gurús que comenzaron a oír “I buried Paul” cuando John cantaba “cranberry sauce”  y a ver a Paul en un accidente escenificado en uno de sus videoclips.

Algunos respirarán aliviados, otros me odiarán por haberles hecho perder su preciado tiempo, pero este es un blog no enciclopédico en el que se cuentan (siempre que sea posible, con humildad y arrepentimiento en caso contrario) verdades, siendo una de ellas el hecho de que durante años Ringo, George y John se mofaran de un siniestrado Paul creando una de las más bellas e intrigantes leyendas urbanas de la historia de la música.

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~ por Diego Donoso Calvo en 24 marzo 2010.

2 comentarios to “El bigote del Sargento Pepper (y parte III)”

  1. ¡Jo! me encanta el mito de la muerte de Paul. Y todos esos detalles siniestros. Sí eres un aguafiestas. Yo, por mi parte, seguiré creyendo que Paul no es Paul y que William se venga de todos los desplantes sobreviviéndolos.

  2. Ya me dolió, ya, tener finalmente que llegar a la resolución de la historia y no poder dejar en libertad las verdades que cada uno en sus conclusiones había creado…

    No todas las historias pueden tener “final feliz”, pero también reconforta que el mundo piense que esta es la verdad inviolable, así el bueno de William podrá proseguir con su fachada sin que nadie le cuestione 😉

    Un saludo.

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