De predicador baptista a dios del blues: Son House

El título reza blasfemia, pero cuando el blues entra en escena todo misticismo religioso es sustituido por la magia de seis cuerdas y, da igual la confesión que se tenga, se cae en las garras de un éxtasis indescriptible.

Eso le sucedió a Son House, un jovenzuelo del más profundo delta que, tras una niñez entre plantaciones de algodón, siendo adolescente ya calzó hábito y estudió las escrituras para entregar su vida como sacerdote baptista. Gracias a Dios (cruel contradicción, confío me sea disculpada), el blues se topó en su camino y su vida giró hacia la oscuridad inherente. Estamos en la década de los ’20, donde el creciente fervor por esta incipiente música era considerada pecado por las más conservadoras Iglesias norteamericanas y donde la pasión que ésta despertaba (acertadamente) se mantenía a buen recaudo lejos de las gentes más puristas y con mayor afán protector sobre las indefensas almas congéneres. Nada de esto le evitó al gran Son toparse con Willie Wilson y renunciar a la vida eterna en el paraíso por un puñado de acordes.

Pronto se codeó con los más grandes de su tiempo (Charley Patton, Robert Johnson…) en su espiral hacia la perdición. El alcohol potenciaba su escalofriante voz mientras los cuellos de las cervezas ya bebidas le servían como sliders para machacar una guitarra que ofrecía una banda sonora irrepetible. Con su tema Preachin’ blues, Son House nos abre su vida contándonos su paso de fiel creyente a borracho guitarrista, con la profana felicidad del cambio.

Y si no fuera suficiente para Lucifer, en una sesión improvisada en uno de los míticos porches sureños Son House acabó con la vida de un hombre. Se escudó en defensa propia ante el juez, al jurar que solo respondía a un tiroteo previo e indiscriminado. Una de las balas le alcanzó una pierna, y con grandes como Son no se juega. Con la suerte que solo los malditos poseen, tan solo cumplió unos meses de la condena de quince años que le fue impuesta; y con la desgracia que solo los malditos poseen, cayó en una severa depresión bañada en alcohol que le mantuvo décadas alejado del blues.

Con la llegada de esta música al gran público en los ’60, la leyenda de House hizo a los estudiosos encontrarle y sacarle de su exilio para proponerle grabar algunas de las más desgarradoras sesiones de blues. A pesar de revivir con reconocimiento internacional a sus pies, los “santos” brebajes no le olvidaban, y en un concierto junto a Howlin’ Wolf Son subió al escenario con semejante castaña que provocó la ira del Gigante de Mississippi, iniciándose una segunda y progresiva caída a los infiernos de la soledad.

Grande entre los grandes, lejos de un púlpito congregó hordas de fieles a su regazo prometiendo una vida en pecado, una vida entre los oscuros parajes de un blues.

Anuncios

~ por Diego Donoso Calvo en 2 marzo 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: