Cortez y el verso perdido

Amor a primera escucha, la única manera en la que éste es puro.  Así fue mi contacto con Cortez the Killer, del maestro Neil Young, en un primer solo de los de piel de gallina y un posterior desglose de variantes de una emoción difícilmente igualable.

Escrita en sus años universitarios (1960ytantos) no fue hasta el ’75 cuando Neil se decidió a mostrar esta maravilla al mundo, incluyéndola en el disco Zuma, grabado junto con su banda Crazy Horse.

La belleza de sus acordes contrasta con una muy criticada letra de continua idealización de la cultura azteca, centrada en la historia del Moctezuma.  En sus versos, Neil nos muestra una civilización pacífica y armoniosa, romantizada entre naturaleza salvaje y hojas de coca, hasta la llegada del altivo Cortez, que acaba con este paraíso mesoamericano.  No es mi intención iniciar una discusión que manche esta obra maestra musical (repito, musical), pero lo que no le enseñaron al gran Young en sus clases de historia fueron los crímenes internos aztecas, los sacrificios humanos, y cómo las naciones precolombinas se arrancaron entre ellas la vida para beneficio del invasor hispano.  El caso es que esta imagen creada por Neil Young de todo un héroe nacional le valió la censura del régimen franquista solo levantada con la llegada definitiva de la democracia a este nuestro opresor país.

Pero el título del post prometía unos derroteros bien distintos, y esta idílica canción guarda celosamente un secreto que a día de hoy sigue sin asomar: un último verso, una última estrofa escrito por Neil que, por destino, jamás ha sido grabada o interpretada en directo.

En la primera sesión de grabación del tema, en torno al minuto 7 y medio un cortocircuito provocó la muerte terminal en el estudio de la mesa de mezclas, faltando ese último verso y un presumible fade out.  Tras perderse todo el trabajo instrumental de la sesión, el productor David Briggs pidió a Neil la repetición de la canción completa.  Éste se negó a volver a grabar el último verso resignándose con un sorprendente “de todas formas, nunca me llegó a gustar”.

Así que nunca se supo qué decían esas últimas frases, y tan solo unos pocos afortunados saben lo que debió existir más allá de ese “Cortez, Cortez, what a killer…” que deja en el aire las últimas notas de una canción, completa o no, perfecta.

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~ por Diego Donoso Calvo en 27 febrero 2010.

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