Última parada: Jerusalem

“…y te encuentras con un riff tan jodidamente bueno que no puedes dejar de escucharlo una y otra y otra y otra vez…

…y de pronto nos topamos con una canción de más de una hora.”


¿Puede un simple riff capturar las mentes de todo un grupo y negarles pensar en otra cosa que no sea esa obnubilante sucesión de notas?  La respuesta es sí, hasta el punto de acabar con la que posiblemente fue mejor banda stoner, con el único botín de un disco impagable.

Así fue el fin de Sleep, la llamada a ser punta de lanza de todo el movimiento nacido en lo más inhóspito del desierto norteamericano.  Tras asombrar con su primer disco de estudio, la gran consagración del trío californiano llegó con Sleep’s Holy Mountain, donde bajo, guitarra y batería se fusionaban en ritmos perfectos, el culmen definitivo del stoner rock o doom metal.

Al Cisneros, Matt Pike y Chris Hakius, con presión o no, pero con indescriptible inspiración (extrovertida por gigantescas dosis de cannabis), se pusieron en 1995 ha componer nuevo material y, sorprendentemente para todos sus allegados, tras dos años de continuos retoques ofrecieron a su discográfica un solo tema.  Solo uno: Dopesmoker, pero de 63 minutos.  La “canción” basa toda su fuerza en infinita sucesión de riffs, salpicada muy de vez en cuando con la historia de una caravana camino de Jerusalén.  Los componentes de Sleep invirtieron gran parte de sus ahorros de discos anteriores en la adquisición de nuevo instrumental y material de sonido que soportase tanta carga, y empeñaron su alma en el proyecto…

La reacción de London Records, sin apenas prestar atención a la magia del tema, fue de rechazo frontal a cualquier opción de publicarlo, y Sleep quedó desolado.  Sin rendirse, volvieron al estudio, con el fin de acortar su pieza maestra y hacerla digerible a oídos de los productores.  No pudieron, en cambio, deshacerse del embrujo de la canción, y apenas lograron quitar 11 minutos de una música convertida en algo más que mera obsesión.  Ofrecida esta nueva versión light, el resultado final fue la misma negativa de la discográfica.  La decepción fue tal que la banda se disolvió poco después del duro golpe, incapaz de encajar el desprecio.

Ya con la banda totalmente desencajada, un amiguete del grupo se decidió a descubrir al mundo exterior la tan fatal maravilla, y meses después The Music Cartel publicó la versión corta subdividida en seis pistas, pese a la total oposición de los miembros de Sleep, bajo el título Jerusalem.

No sería hasta cuatro años después cuando sus sueños frustrados se aliviaron parcialmente con la edición íntegra de Dopesmoker, sin tijeretazos ni cortes.  La reconciliación de la banda era ya por entonces una utopía: el sufrimiento del fracaso les impedía apenas mantener el contacto.  Sumergidos en una oscuridad total, sobrevivían al hechizo de un fumador de almas camino de la Ciudad Santa…

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~ por Diego Donoso Calvo en 7 enero 2010.

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