Botellazos de ida y vuelta

Si es que del amor al odio hay un paso, y la relación entre las embrutecidas hordas de fans y los ídolos musicales no siempre es fluida, al menos en tanto al recipiente que lo contiene (discúlpenme la coña).

Y es que los botellazos parecían carne de cañón para el periodismo exclusivamente deportivo: noticias que mueven millones de euros y cierran estadios.  Pero recientemente un botellazo en un concierto de música saltó a la primera plana de la actualidad.  La víctima: Morrissey.  El lugar del crimen: Liverpool.  El instante del delito:

Algun figura arruinó el concierto a miles, fastidiando la segunda canción del concierto y limitando el repertorio pendiente del señor Morrissey a un simple “Goodbye”.  Acabar de ese modo una actuación puede resultar para muchos una acción exagerada, pero el hombre tenía sus motivos para cabrearse, aunque no se lo tomó con la filosofía y entereza necesaria… Aunque ante todo es necesaria la paciencia, y este “crimen” puede servir como ejemplo para que la gente se lo piense dos veces antes de dar rienda suelta a su fervor.

Los casos de botellazos desde el público son incontables y algunos como Liam Gallagher, Rob Holiday o los Prodigy ya saben que se siente al ser lapidados públicamente, en mayor o menor medida y por un motivo u otro.  En cambio, menos numerosos son los casos en los que son los propios artistas lanzan botellas al público.  En un sentido el delito se salda con el fin de un simple concierto, en el otro con un punto de inflexión en una prometedora carrera, la del stoner Nick Oliveri…

Barcelona, noviembre de 2002.  Los Queens of the Stone Age sobre el escenario y su bajo, el polémico Oliveri, con dos copas de absenta de más no tuvo otra ocurrencia que descargar frustraciones personales extramusicales arrojando furiosamente botellas a un público estupefacto.  Tras el concierto, Josh Homme discutió seriamente con Oliveri y, con el paso de los meses, la relación entre ambos se amargó, desencadenando la expulsión de Nick de los QOTSA.

Generalmente las botellas destrozan momentos y vidas por el contenido, pero en algunos casos la manobrabilidad de su cuello y figura y la accesibilidad a su distribución la convierten en una arma más que peligrosa, no físicamente sino musicalmente…

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~ por Diego Donoso Calvo en 31 diciembre 2009.

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