El pacto de Mr. Johnson

robert-johnson29 canciones que cambiaron el rumbo de la música y que marcaron un antes y un después en la historia del blues. 29 le bastaron a Robert Johnson, un joven guitarrista crecido en las prolíficas orillas del Mississippi de la Gran Depresión para dejar un legado imborrable en decenas de los más grandes grupos del siglo XX.

Corría el año 1930 cuando siendo apenas un muchacho Johnson perdió a su mujer en el parto del que habría de ser su primogénito. La incontrolable rabia al ver perdidos de golpe a su esposa y a su hijo sólo pudo ser canalizada mediante los apagados acordes del blues. Pese a no tener una técnica depurada y ser prácticamente un novato del popular género, su ascenso al olimpo musical fue meteórico. La escasa calidad instrumental de sus actuaciones no parecía importar a aquellos que le escuchaban en humildes garitos del paupérrimo sur de los Estados Unidos. Sus versos desgarrados y sus excéntricos falsetes y zapateos cautivaban las mentes de todos los presentes e invadían con fuerza sus interiores.

Las malas lenguas no tardaron en hacer su aparición y se comenzó a afirmar que el joven Johnson había hecho un arreglo con el mismísimo diablo a cambio de un don sobrenatural en el dominio de la guitarra y el ritmo. El excéntrico comportamiento del bluesman no favorecía la erradicación de estos rumores: al acabar sus funciones se levantaba en silencio y antes de dar pie a los aplausos abandonaba por la puerta trasera el recinto.

Pese a tener dinero para permitirse una guitarra de más calidad para mejorar el sonido de sus canciones, Robert Johnson se negaba terco a abandonar su vieja acústica Gibson, de la que nunca se separaba y de la que sacaba ritmos imposibles y acordes grandiosos.

Y junto a los recurrentes temas de la época (el constante deambular, la fragilidad de las relaciones humanas, religión, sexo) sus letras, convertidas posteriormente en referente poético de una década, viraban hacia terrenos ocultistas y las alusiones a tratos con el demonio afloraban constantemente. La leyenda estaba creada.

Su fama crecía al mismo ritmo que su bolsillo y Johnson tuvo la posibilidad en noviembre del 36 y junio del 37 de grabar su corto pero grandioso repertorio musical. Dicen que en el estudio tocaba cara a la pared, para evitar espíritus y fantasmas, que interferían en sus acordes…

Sin embargo, como todo acuerdo tiene su contraprestación, el desdichado Robert Johnson murió el 16 de agosto de 1938, a la edad de 27 años, en circunstancias y motivos tan velados que hacen pensar que Satán pidió una deuda de alto precio por el talento. Se dice que pudo ser envenenado por un marido celoso víctima de las incesantes conquistas de Johnson o bien por sus numerosos rivales envidiosos de su increíble música, otros afirman que contrajo la sífilis o una neumonía, o que simplemente se suicidó; pero lo cierto es que en su certificado de defunción no consta autopsia ninguna y que numerosos lugareños dijeron verle caminando a cuatro patas poseído por un ente diabólico los días antes de su muerte.

La ficción se mezcla con la realidad en la efímera vida del gran Robert Johnson, pero la mayor leyenda quedó impresa en su legado musical y su influencia en músicos de la talla de Muddy Waters, Led Zeppelin, Neil Young, Eric Clapton o los Rolling Stones.

Una música tan inquietante como hipnótica: el bluesman por excelencia.

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~ por Diego Donoso Calvo en 9 noviembre 2009.

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