¡Sea!

El poder cautivador de la música es algo, imposible negarlo, fascinante… Cada vez que alguien compone una sinfonía o llora un 12-bar blues, se entrega una parte del alma volcada altruistamente a todo aquel que quiera compartir durante unos minutos la desgarradora tristeza o la inmensa alegría del músico. La música (música, música, hecha para sentir, no para vender) tiene de hechizo todo lo que el azúcar de dulce, y rompe corazones o salva vidas a cada segundo. No es magia, sino sugestión, melodía. O no…

Cuántas canciones nublan cualquier otra sensación para apoderarse por completo de los pensamientos del impotente oyente, uniendo parejas, desmelenando locuras o provocando masacres… Esta característica hipnótica solo está al alcance de los más grandes músicos de toda la historia, muchos de cuyos secretos permanecen en ese otro lado de la fama y el éxito.

Porque detrás de cada compás hay un mundo, en SI BEMOL MINÚSCULA proponemos un viaje a los rincones más oscuros de esta nigromancia sutilmente llamada música.

Play.

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~ por Diego Donoso Calvo en 6 noviembre 2009.

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